jueves, 14 de mayo de 2015

Acerca de...La Santa


Gabriel García Márquez escribió un cuento que se llama: La santa. El cuento se trata de un hombre que anda por el mundo con una maleta en la que se encuentra el cuerpo de su hija muerta, que por alguna razón está incorrupto. El hombre ha tratado por años de conseguir que beatifiquen a su hija y carga como prueba de su "santidad" el cuerpo en la maleta, pero por más que lo ha intentado, las autoridades eclesiasticas no le conceden la beatificación. A pesar de los años, el hombre no pierde la esperanza de conseguirla y así se le pasa la vida...
En alguna parte  del largo camino que deben recorrer los libros para su reconocimiento público me he sentido a veces así, igual que ese hombre. 
Nana Luna llegó al mundo con el primer propósito de participar en un concurso de creación literaria para niñ@s, una vez que fue descartada del premio, me quedé con el manuscrito en las manos por algún tiempo sin saber qué hacer con él, después lo autopubliqué, lo empecé a usar como mi carta de presentación como autora y empecé a tratar de hacerle un lugar. Paso a pasito llegamos juntas a una primera presentación pública en una convención femenina y después otra en la biblioteca de Seattle. 
Hablo de ella, la explico, la vendo, la promociono y cada día creo más en ella y en su poder. 
Cuando estaba a punto de cumplir un año de edad, conseguí por fin que una editorial la cobijara bajo su sello y fue así que juntas llegamos a Ramos Editores. Después de su publicación en México, hemos hecho presentaciones en escuelas y pequeños recintos. Casi al mismo tiempo en que Nana Luna consiguió estar presente en uno de los foros culturales más importantes del Estado de México, fue seleccionada también como finalista del premio Mariposa de los International Latino Book Awards y ahorita estamos en espera de asistir a la premiación y saber si se llevará el galardón...
El camino a recorrer de los libros para llegar a un lugar de reconocimiento es largo y dificil. A veces hay logros y yo como autora me lleno de esperanza, a veces hay periodos de tiempo muerto y esperas largas que me hacen sentir frustrada, pero existe una idea en mi mente que no se borra pase lo que pase, una frase que me repito a cada paso y que me ayuda a seguir adelante en mis intentos por hacer que esta niña que he creado, sea conocida y amada por muchas personas: "Los libros no caducan".
Y así con mi frase, con mi convicción y con mi amor por esta bella obra que creé desde mis entrañas de escritora, voy por el mundo con mi hijita bajo el brazo, buscándole una oportunidad, igual que aquél hombre del cuento de Márquez.
La autora y su "santa", Nora Girón-Dolce y su amada e incorrupta
Nana Luna.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Acerca de...Nana Luna en la radio


Me siento muy honrada de poder compartir con ustedes la agradable noticia de que la estación de radio local en Seattle "El Rey 1360 am", transmitirá a partir de hoy Lunes 22 de Diciembre y hasta el domingo 28, siete de los ocho cuentos que conforman mi libro para niñ@s:
 Los cuentos para soñar de mi Nana Luna.

Estas historias fueron amorosamente narradas por mí y grabadas exclusivamente para esta transmisión diaria que se denomina: Nuestros niños de siempre y que es un esfuerzo conjunto entre la estación de radio y el Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, junto con su productora Claudia Cárdenas y el director de la estación Lic. Jorge Madrazo.
Esta estación de radio ha abierto un amable espacio para que los escritores del grupo Seattle Escribe podamos exponer nuestro trabajo para el público.

Comparto con ustedes la liga a la estación para que puedan hacer el favor de acompañarme en  esta hermosa aventura radiofónica.



miércoles, 17 de diciembre de 2014

Acerca de... Mi primera entrevista de radio



Hace algunas semanas recibí una llamada de parte de 4Culture en la que me notificaron que sería entrevistada por la más respetada reportera de cultura de la ciudad para hablar acerca de mi participación en el programa de poesía urbana Poetry on Buses. Marcie Sillman me dió cita en una parada de autobús del barrio de Queen Anne y ahí entre el frío de la mañana, el paso de los autobuses y de los peatones, me pidió que le narrara mi experiencia. He aquí el resultado de mi primera entrevista radiofónica para KUOW Seattle

http://kuow.org/post/metro-buses-transport-poems-people

domingo, 7 de diciembre de 2014

Acerca de... Semillas de amor







La otra noche, mientras hablaba por teléfono con mi madre que está en México, ella me dijo que mi hermano mayor lleva varias semanas enviando cupones a un concurso en el que ofrecen como primer premio una casa. Me dijo que cuando platicaron acerca de lo que harían si se ganaran el premio, mi hermano le dijo: "si me gano la casa, se la voy a regalar a mi hermana Nora porque ella no tiene una casa donde vivir cuando nos visita aquí". Mamá le preguntó si no era una mejor idea que ellos dos vivieran en esa casa y mi hermano le contestó terminantemente que no, que esa casa, si acaso se la ganaban tenía que ser para mí.
Cuando escuché las palabras de mi madre, mi corazón sintió una chispa de alegría y pensé: "que rápido germinan las semillas del amor, la amabilidad y la compasión".


Mi hermano mayor tiene 44 años. Mi hermano mayor será siempre responsabilidad de quienes lo amamos. Mi hermano mayor sufre de discapacidad intelectual.

Vivir la mayor parte de mi vida y crecer con él no fue cosa fácil. Nadie en casa tenía las herramientas o el conocimiento necesarios para saber cómo sobrellevar todos los aspectos negativos de la discapacidad y si bien, cuando éramos niños nuestra relación era más o menos armoniosa, al llegar la adolescencia todo se complicó. Yo amaba a mi hermano, lo he amado siempre, sin embargo muchos factores internos y externos, hicieron que me separara emocionalmente de él. Sentía mucha vergüenza cuando por sus acciones, sus palabras o simplemente por ser distinto, otras personas se burlaban de él o de mí por ser su hermana, sentía rechazo hacia él cuando, actuando sin pensar en las consecuencias, me metía en problemas con mis compañeras de la escuela o con mis amigos. Tenía mucho miedo de él cuando pasaba por episodios violentos o psicóticos y no soportaba sus manías ni sus comportamientos y sus hábitos obsesivos compulsivos. La idea de que en algún momento de la vida mi hermano tendría que convertirse en mi responsabilidad y quedar bajo mi cuidado me atormentaba y me frustraba de tal manera que yo manifestaba mi enojo y mi desacuerdo rechazándolo a él y desconectándome emocionalmente de todo lo que tuviera que ver con él. Mi hermano mayor nunca dejó de quererme, pero el rechazo y la incomprensión dieron fruto y puedo decir que hubo un momento en el que ni siquiera teníamos una relación de hermanos.
Un día todo cambió. Un día, la vida nos dió una enorme lección y todo cambió. Un día, la desgracia tocó a la puerta de mi familia y en medio de circunstancias tristísimas mi madre tuvo que ausentarse y mi hermano quedó temporalmente desamparado. Cuando la vida nos puso en las manos la responsabilidad de hacernos cargo de él, se echó a andar en el universo un proceso de aprendizaje que transformaría la desgracia que vivíamos como familia en una lección de amor.
Todo esto ocurrió cuando yo ya había adquirido cierta madurez y ciertos conocimientos acerca de cómo funcionan las personas con discapacidad intelectual, todo esto ocurrió también después de un largo trabajo interior durante el cual hice las paces con la idea de que efectivamente, en algún punto del camino nos tocaría la responsabilidad de ver por él y por su bienestar. Esas ideas ya estaban en mi cabeza pero aún no había aplicado nada de lo que en teoría había aprendido. En aquel periodo triste, pasé tres meses con mi hermano. Lo primero que tocó mi corazón fue descubrir su dolor, su desamparo y su percepción de las cosas. Un día lo encontré llorando. Las palabras que me dijo sacudieron algo dentro de mí muy profundamente. A partir de ese día decidí que aplicaría con él todo lo que había aprendido y que aunque en el futuro no estuviésemos juntos físicamente, lo apoyaría de manera emocional y haría lo posible por ayudar a hacerlo sentir feliz, aceptado, amado.
Encontré nuevas formas de comunicación e interacción con él, lo apoyé en todo lo que pude, tuvimos largas, larguísimas conversaciones en las que yo le daba tiempo y pausas de acuerdo a su nivel de comunicación para que pudiera expresar lo que sentía y poco a poco me fui ganando su confianza. Al mísmo tiempo, dentro de mí se gestaron sentimientos de empatía y compasión hacia él. Aprendí a ser más paciente, a entenderlo mejor. Mi mayor preocupación era que se sintiera amado y seguro. Fue un año muy largo en el que sin saber lo que estaba haciendo, sembré semillas de amor. 
Durante ese proceso hice las paces con la realidad y comprendí que efectivamente, algún día mi hermano quedaría a cargo o bajo el cuidado y supervisión de quienes lo amamos y si bien la idea no es mi favorita, si comprendo ahora que hay muchas maneras y opciones para llevar a cabo esa labor.

Desde ese entonces y hasta el día de hoy en que nuestras vidas han vuelto a la normalidad y mi madre y mi hermano están juntos otra vez, muchas cosas han cambiado para bien. 
Mi hermano no me perdona una llamada telefónica a la semana de al menos media hora, para contarme cualquier cosa por la que esté pasando o cualquier cosa en la que esté pensando. Hablamos y nos hacemos chistes mutuamente, se muere de la risa cuando platico con él y me llama con mi nombre en diminutivo. Cuando visito México no hay persona más gozosa y más feliz que mi hermano, quien cuenta los días que faltan para mi siguiente viaje y hace mil planes para pasar conmigo todo el tiempo que nos sea posible.

El pasado no se puede recuperar ni arreglar pero el presente es nuestro y podemos hacer de él una hermosa experiencia.

Yo amo mucho a mi hermano mayor y mi hermano mayor me ama tanto que quiere ganarse una casa para regalármela.





Les dejo este video que me encontré y que me conmovió mucho. 

http://www.upsocl.com/inspiracion/tienes-que-escuchar-lo-que-dice-esta-pequena-nina-sobre-su-hermano-con-sindrome-de-down/

lunes, 17 de noviembre de 2014

Acerca de...Juego de niños


En el patio de la escuela hay una higuera muy vieja, puedes alcanzar sus hojas si subes las escaleras.

Saltar a la cuerda, jugar al avión, recoger la teja con la mano izquierda.

Jugar al resorte y ganarle a todas. ¿No hay premio? No importa, mejor la satisfacción de vencer a la más ñoña. "Marinero que se fue a la mar y mar y mar para ver que podía ver y ver y ver."

Y entonces, ¿que tal saltar esas altas torres de llantas viejas? Igual que los niños. Eso no les gusta. Así las niñas no juegan. No importa, no importa, yo quiero saltar. !Mírame maestra! Mírame y elígeme para las competencias. "A don martín, se le murió, su chiquitín, de sarampión."

Jugar a las escondidas: uno dos tres por mí y por todos mis compañeros. Ahora tú las traes y a las tres se quema la bas. ¿Que canción vas a cantar para echar la suerte otra vez? "Zapatito blanco, zapatito azul, dime ¿cuántos años tienes tú? "

En el patio de la escuela hay una higuera muy vieja y el muro de la derecha está cubierto de hiedra.

Así con un gis muy blanco y los brazos bien abiertos, hay que dibujar el círculo que contendrá a las naciones para jugar al Stop. "Declaro, la guerra, en contra, de mi peor, enemigo, que es..." (Yo te elijo a tí, que eres el que más me gusta. Sí, tú, el niño de la voz fuerte y la cicatríz en la mejilla derecha.)

En el patio de la escuela hay una higuera muy vieja, detrás de ella yo me escondo para que nadie me vea. 

Los niños se apartan; juegan esos juegos que son sólo de hombres en los que las niñas no pueden jugar: "dos, patada y coz, cuatro, jamón te saco, diez, elevado lo es."

Con resignación jugar con las niñas los juegos de palmas que son apropiados para señoritas de faldas tableadas. Cantar muy fuerte, chocar las manos y los dorsos al mismo tiempo, sin equivocarse: "corona, cerveza, media vuelta."

Correr más fuerte, cantar más alto, nada de estudiar que a esta escuela se viene a jugar.

La niña rubia de la trenza larga, cuenta cuántos cuadros hay del corredor a la entrada. Se mira en los ventanales, canta y sueña, sueña y canta. "Manzana podrida, una dos tres, salida."

Pajaritas de papel, barquitos navegando hacia ninguna parte, ranas de lenguas rosadas y cubitos quitapiojos. Dibujos de colores brillantes, poblados de soles sonrientes, nubecitas blancas, árboles frutales y casitas de tejados rojos con chimeneas encendidas. "Cuando yo era joven, joven, joven, coqueteaba, coqueteaba, coqueteaba."

En el patio de la escuela hay una higuera muy vieja y el muro de la derecha está cubierto de hiedra. La pequeña niña rubia,con la trenza ya deshecha. Abrazada a sus recuerdos, está sentada en la puerta.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Acerca de... Poetry on Buses

A partir del día de hoy y durante una semana podrán leer y escuchar en mi propia voz, mi bello poema "Nostalgia"
Este poema forma parte de una exposición urbana en la ciudad en la que vivo y en la que 365 escritores y poetas fuimos elegidos para escribir acerca del amor por nuestros hogares.
Los invito a visitar el sitio.

/http://poetryonbuses.org/poems/nora-giron-dolce/?indv=y&tag=y

domingo, 12 de octubre de 2014

Acerca de... Domingo perezoso














Nonantzin
Amada, si yo muriera
entiérrame en la cocina bajo el fogón.

Al palmotear la tortilla
me llamará a su manera
tu corazón.
Más si alguien, amor, se empeña
en conocer tu pesar,
diles que es verde la leña
y el humo te hace llorar.
Poema náhuatl

Domingo perezoso por la mañana, la voz de mi abuela reverbera en las paredes de la casa: “Arriba flojos, ya hay caldos en las fondas y borrachos en las cantinas”. Salimos corriendo de las recámaras para encontrarla en la mesa del comedor separando las tortillas recién compradas. Al aroma del nixtamal, se suman, la vista de los brillantes colores del guacamole y el crujido del chicharrón. Es nuestro almuercito dominguero: taquitos de chicharrón con guacamole fresco. Las manos diestras de mi abuela preparan los tacos y yo la miro; reconozco en el brillo de sus ojos el orgullo y la satisfacción de alimentarnos que es a su modo de ver, la mejor manera de dar amor.
Domingo perezoso por la mañana. Me despierta el silencio. Abro los ojos en mi casa rodeada de maples. Mi marido duerme a mi lado, miro el techo y suspiro. Salgo de la habitación y llego a la cocina que está quieta, silenciosa, muerta. No hay aromas que inquieten al estómago ni colores brillantes de aguacate y jitomates. La casa no retumba con la voz alegre de mi abuela, pero al ver su retrato, mi cabeza vibra con uno de sus continuos reproches: “En esta casa no chillan las cazuelas”.
Domingo perezoso por la mañana. Los cachetes se nos llenan como si fuésemos hámsters, mis hermanos y yo hacemos una carrera sin decirnos nada, peleamos por la última cucharada de guacamole fresco, por la última tortilla tibia, por la última moronita de chicharrón crujiente. Cuando la cuchara rasca el fondo del recipiente sin encontrar nada más, nos conformamos desilusionados, con un último taquito de frijoles. Mi abuela sonriente nos cuenta historias de espantos mientras nos sirve el refresco. “Misión cumplida” parece decir su corazón, y el mío que lo conoce bien, le contesta que sí con un latido.
Domingo perezoso por la mañana, mientras fumo un cigarrillo en el jardín, miro las nubes en el cielo y en una conversación silenciosa pero honesta, trato de explicarle a mi abuela que, si en esta casa no chillan las cazuelas, no es porque yo no quiera, sino porque aquí no hay tortillerías en cada esquina, no hay carnicerías donde frían el chicharrón, no hay mercado sobre ruedas. Los chiles no pican,  el cilantro es escaso, el queso es insípido, las cebollas son dulces, los aguacates son caros, las tortillas son blancas en vez de ser amarillas y todo sabe a papel.
Ante de una conversación así, tan seria, el estómago me gruñe, la nostalgia me vence y decido entrar de nuevo a la casa. En un proceso largo; preparo la masa, caliento el comal, pico los jitomates, los aguacates, las cebollas y los chiles, lavo y deshojo el cilantro, abro la bolsa de los chicharrones, corto el queso en rebanadas, echo a mano las tortillas sobre el comal que como siempre, para mi total frustración, humean pero no se inflan.
Después de 45 minutos, está listo mi amado almuercito dominguero. Los ruidos y los aromas de la cocina no han despertado a nadie más que habite en esta casa. Sólo están conmigo el recuerdo de mi abuela, nuestra conversación imaginaria y la pequeña Chocolat; alerta a todo lo que hago.

Domingo perezoso por la mañana. De pie en la cocina, doy la primera mordida a mi taco de chicharrón con guacamole y el corazón se me rompe en mil cachitos de melancolía, mientras una lágrima solitaria resbala por mi mejilla.